miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los niños no tienen problemas de sueño

Esta verdad es quizás la primera que deben aprender los padres de un recién nacido. Los que tienen problemas de sueño, si es que quieren llamarlo un problema, son los padres de ese recién nacido, que en muchas ocasiones duerme todo seguido durante sus primeros dos días de vida - quizás por el esfuerzo y consecuente cansancio de haber nacido - y en cuanto los papás lo llevan a casa empieza a "dormir mal".

Los bebés y niños pequeños tienen ciclos de sueño más cortos que los adultos. Además, durante las fases de sueño ligero de los bebés, suelen despertarse llorando, mientras que los adultos raramente nos despertamos y si lo hacemos volvemos rápidamente a dormirnos de manera que por la mañana no tenemos consciencia de habernos despertado. La naturaleza ha decidido que esto sea así, sabiamente, para asegurar la supervivencia del bebé, que con el llanto le está comunicando a su madre la necesidad de mamar. La oxitocina que segregan tanto la madre como el bebé con el acto de mamar les ayuda a ambos a dormir de nuevo.

Que el bebé se despierte y despierte a sus padres dos, tres, cuatro o más veces durante la noche es algo que probablemente no ocurría al principio de los tiempos cuando el bebé dormía junto al pecho de su madre y no tenía la necesidad de llorar para reclamarlo: estaba allí mismo y ni el bebé ni su mamá llegaban a despertarse. Hasta que un mal día, no hace mucho, algunos padres decidieron que no dormían bien con su bebé y lo separaron del lecho familiar. Entonces esos padres que dormían mal acusaron a su bebé de su problema y empezó a hablarse de niños que duermen mal y a los que hay que enseñarles a dormir.

Algunos padres sacaban de la cuna al bebé que lloraba y lo ponían en el pecho de la madre, y luego lo devolvían a su cuna. Otros les daban biberón, para "llenarlo" más y que aguantara más horas sin despertarlos de nuevo. Al poco estos padres se quejaban de que a la madre se le había retirado la leche, culpando a la naturaleza de algo que ellos mismos habían provocado. La leche materna no se retira así como así, sino que se produce según la demanda que de ella haga el bebé. Si al bebé lo hinchan de leche de vaca, obviamente empezará a saltarse tomas de la leche de su madre, que producirá menos, hasta el punto de retirarse. Otros padres, en el más alarmante de los casos, decidieron ignorar el llanto de su bebé, sobre todo cuando los despertaban ¡hasta casi cada hora!

Ese primer momento en que los padres toman la decisión consciente de no escuchar a su hijo recién nacido o de pocos meses tiene consecuencias desastrosas para la humanidad. Los humanos nacen - como los animales - con los instintos intactos. El instinto de llorar es la manera que tenemos de comunicarnos al nacer porque todavía no hemos desarrollado el lenguaje de las palabras. Un bebé al que no se le escucha cuando a través de su llanto les está diciendo a sus padres que le cojan, que le abracen, que le besen, que le pongan en el pecho de su madre, se le está enseñando que su instinto no es válido. Sus padres, que son las personas más importantes de su vida, no le hacen caso cuando les reclama su amor. Sus pequeños cerebros segregan adrenalina y cortisol, la hormona del estrés. El tejido cerebral en desarrollo expuesto a estas hormonas durante largos períodos de tiempo hace que no se produzcan las conexiones necesarias entre los nervios, los cuales degeneran por el desuso, provocando efectos neurológicos dañinos para el desarrollo del cerebro.

Algunos bebés aprenden rápido la lección nefasta de no escuchar a sus instintos y se rinden: continúan despertándose por la noche y tienen miedo porque están solos, pero no lloran, no dicen nada, ¿para qué?, ya saben que nadie acudirá... y se vuelven a dormir. Algunos sólo después de dos noches ya se han adaptado a la nueva situación. Así de grande es el poder de adaptación de los humanos. Los padres de estos niños se muestran contentos y orgullosos ante la nueva situación. ¡Qué fácil ha sido! (para ellos) e incluso alardean y compiten con otros padres; dicen: "Pues mi niño duerme toda la noche desde que tenía dos meses." Otras madres y padres los miran con envidia y preguntan: "¿Cómo lo habéis hecho?" y así se va extendiendo este mal hábito.

Otros niños no se rinden tan fácilmente, son tenaces y siguen luchando por lo que creen que es suyo y a lo que tienen pleno derecho: la atención de sus padres, incluso por la noche. Así se lo manda su instinto y ellos siguen despertando y berreando varias veces cada noche hasta que mamá o papá acuden desesperados a sacarlos de la cuna. Los padres de estos niños acaban de los nervios (y los bebés también), no pegan ojo o pasan gran parte de la noche medio en vela en angustiosa espera a que el bebé los despierte de nuevo. Finalmente, se ven obligados a obtener ayuda profesional.

Así se topan con un método drástico para combatir el insomnio de toda la familia, un método al que un pediatra y neurofisiólogo catalán ha decidido ponerle su nombre - aunque él dice que han sido los papás quien lo han bautizado así. Sea como sea, es un método que desgraciadamente hace décadas que empezó a ponerse en práctica, mucho antes de que al doctor catalán se le ocurriera escribir su malogrado libro. Es el método que en el mundo anglosajón se conoce como controlled crying o controlled comforting. Se trata de una estrategia de control del comportamiento del bebé durante la noche, según la cual se le "enseña" al bebé a dormirse por sí solo, sin que lo acurruque mamá o le dé el pecho.

Se deja al bebé solo en su cuna, despierto, y se ignora su llanto durante unos dos minutos. Durante ese tiempo empieza a sentir ansiedad y miedo y los niveles de cortisol aumentan en su pequeño cerebro. Al cabo de dos minutos aparece mamá o papá para reconfortarlo y el bebé recobra esperanzas. Sin embargo, lo vuelven a dejar, esta vez llorando desamparado durante cuatro minutos. Los intervalos se hacen cada vez más prolongados, hasta que al final, el bebé, extenuado, se duerme, igual que lo habría hecho si se le hubiera dejado llorando durante rato y rato la primera vez. Los niveles de estrés que llegan a alcanzar algunos bebés sometidos a este maltrato son tales que les provocan el vómito. Esto no lo hacen para llamar la atención, sino como consecuencia directa del alto nivel de la hormona del estrés.

Los defensores de este método afirman que funciona en cuestión de tres a catorce días. Una vez más, los padres se sienten satisfechos con el resultado y se congratulan de lo fácil que ha sido. Incluso los bebés más pertinaces acaban cayendo, ¡cómo no!, ningún humano sería capaz de aguantar tales niveles de estrés durante tantas noches seguidas. Así que como el método funciona y los padres ya duermen ocho horas seguidas por las noches, se recomiendan el método unos a otros y también el libro del doctor catalán, que se convierte en uno de los más vendidos, y se le hacen entrevistas, y sigue dedicándose a escribir y vender libros que promueven el maltrato infantil.

Gracias al método, los padres han conseguido un arreglo fácil y rápido, que en el futuro les pasará factura a ellos y a sus hijos. Estos bebés presentan niveles más bajos de las hormonas de crecimiento, que afectan al desarrollo del cerebro, el crecimiento en general y el sistema inmunológico. Al no producirse las conexiones necesarias entre los neurotransmisores dañados por el cortisol y la adrenalina, tienen tendencia a comportamientos agresivos y antisociales y son más proclives al fracaso escolar porque su cuoficiente intelectual y capacidad psicomotriz también se ven afectados por un sistema adrenalítico hiperactivo.

4 comentarios:

  1. Hola Titi. Me ha gustado mucho. Lamentablemente en esta sociedad tanto los padres como las madres tienen que trabajar cada dia para intentar llegar a fin de mes y necesitan dormir 8 horas para poder trabajar, quizás por eso los métodos que dan resultado rápido tienen tanto éxito y no se piensa en las consecuencias a largo plazo, como la dieta dunkan...
    mua.

    ResponderEliminar
  2. ¿El señor médico es el mismo del de la manta?

    Muy interesante el artículo. Y pensar que poca gente da importancia a los primeros años, ya dejémonos de meses, de vida de los bebés...

    ResponderEliminar
  3. El mismo QUE el de la manta. No se me puede dejar sola, mira qué cosas escribo.

    ResponderEliminar
  4. Gracias por los comentarios. Jordi2G, me has dado la idea para el próximo artículo del blog. Es posible tener bebés, dormir ocho horas e ir a trabajar al día siguiente. ¡Pero hay que cambiar de mentalidad! Ya lo explicaré dentro de un par de semanas. Tatiana Kafkiana: ¿Quién es el médico de la manta?

    ResponderEliminar