lunes, 18 de junio de 2012

El peligro de las comparaciones

A veces los adultos hacen uso de las comparaciones entre niños para estimular al que de los dos niños va "atrasado" en algo. Se hace mucho sobre todo en las aulas, pero también, desgraciadamente, en el seno familiar. Para animar a un niño a hacer algo o a comportarse de cierta manera, se le compara a su hermano, que ya se comporta de la manera deseada por sus padres. A veces estas comparaciones son respecto a la personalidad del niño, al que se le dice: "¿Por qué no puedes ser como tu hermano?" Otras veces son referentes a las habilidades que se supone que deberían tener según su edad: "Tu hermano a tu edad ya se vestía solo." Algunos padres comparan a sus hijos con otros niños: "El hijo de Juan hace siempre los deberes sin que su madre se lo pida."

Con estas comparaciones se fomenta la competitividad entre los niños. En otras palabras, se les anima a que se unan a la carrera de la vida, a que sean los primeros y los mejores en todo, a que no se queden atrás. Los mismos padres están continuamente compitiendo unos con otros, a ver quién tiene el niño que saca mejores notas, el que mejor se porta, el que mejor juega al fútbol o al tenis o el que mejor toca el piano o la guitarra. Por eso se crearon los tests de cuoficiente intelectual y por eso los padres de hoy en día se empeñan en matricular a sus hijos en cuantas más actividades extracurriculares mejor. Como si lo que les obligan a hacer en el colegio no fuera suficiente.

Las comparaciones entre hermanos son especialmente nocivas porque el mensaje que intentan transmitir los padres: "Observa a tu hermano para llegar adonde está él" es diferente al que percibe el niño: "Mi hermano es mejor y por eso a él le quieren más y a mí menos". Eso crea rivalidad entre los hermanos y una competencia insana que puede durar toda la vida y hacerles mucho daño. Los niños no deberían competir jamás por el amor y atención de sus padres; es algo que se merecen gratuitamente, sin tener que ganárselo. Hay que aceptarlos tal como son, sin compararlos con ningún otro niño. Todos son diferentes y todos poseen destrezas y personalidades diferentes. Uno puede que sepa leer a la perfección a los tres años pero no se le dé nada bien atarse los cordones de los zapatos. Su hermano quizás a los seis años todavía no lea, pero en cambio le gusta ayudar a su padre en la cocina. El tercer hermano ni lee, ni cocina, ¡ni hace nada! pero le gusta regar las plantas. No existe ningún niño al que no le interese y motive algo; de hecho, suele ser más de una actividad. Los padres deberían fijarse en eso y facilitar el camino a sus hijos para que sigan lo que a ellos les interesa, en vez de obligarles a hacer lo que hacen todos y asegurarse de que estén a la altura. Asímismo, sus personalidades deben aceptarse tal como son. Se tiende a favorecer los carácteres extrovertidos, abiertos, simpáticos. A un niño tímido, introvertido, callado, sensible, se le tiende a decir que no sea así. ¿Por qué? No hay nada malo con ser tímido e introvertido, ¡no están haciendo daño a nadie con ser así! Ambos tipos de personalidad tienen mucho que aportar. Los niños introvertidos suelen ser más observadores y tienen más facilidad en concentrarse en las tareas que escogen desempeñar.

La causa principal del fracaso del sistema educativo actual es precisamente esta insistencia en comparar a los niños y hacerlos a todos pasar por el mismo tubo según su edad. Así, si tienen seis años, tienen que saber ya todos a leer, sumar y restar. Si alguno se atrasa (porque en realidad no le interesa leer, sumar y restar, sino ir en bicicleta) se le hace creer que es cortito, que no está a la altura de los demás. En vez de fomentar su afición por la bicicleta, el niño crece con poca autoestima, creyéndose tonto, sin que nadie sospeche que a los seis años no estaba preparado para la lectura, pero a los ocho quizás sí. Por otro lado, hay niños "adelantados", a los que enseguida se les hace tests y se les llama "superdotados", porque según su edad aprenden las cosas del colegio mucho más rápido que los demás. Tampoco se les hace ningún favor a estos niños poniéndoles la etiqueta de "más listos que los demás". A los niños, desde pequeños, se les enseña que forman parte de una manada, y por eso sienten tanto la presión del grupo; no les gusta sobresalir ni por debajo ni por encima. Si, en cambio, se les transmitiera el mensaje de que todos y cada uno de los humanos somos distintos, únicos y totalmente aceptables, se centrarían en sus propias competencias en vez de competir y estar constantemente comparándose con los demás.

5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, pero porqué precisamente en los colegios los profesores son los primeros en hacerlos... no me entra en la cabeza. Yo le evito todos los días y después me encuentro con que lo hacen con él quien menos debe hacerlos... y que debemos hacer nosotros?? decírselo al profesor con lo que eso conlleva???

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    1. Primero que todo, estimada sra, se debe hablar con el profesor; sin pensar que esto de lugar a una consecuencia negativa, por el contrario los docentes deben ser muy receptivos, sugerirles a ellos que en la escuela de padres se de una capacitación al respecto.

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  2. Esa es una respuesta que yo no soy capaz de responder porque opté por una opción radical: no llevar los niños al colegio. Como todos los padres, procuro darles lo mejor a mis hijos, y no creo que el sistema educativo tradicional sea bueno para ellos. Aun así, si estuviera en tu lugar y sacar al niño del colegio no fuera una posibilidad, yo sí hablaría con el profesor.

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  3. Hola Carmen, me ha encantado tu articulo, sobre todo me alegra mucho que hayas tomado esa decision tan radical con respecto al sistema educativo, eres muy valiente ya que todos los padres no se animan a hacerlo, en especial creo que eso se va a pro9ducir en las proximas generaciones, lo que obligara al sistema a cambiar. Yo tengo 22 años, y soy una persona que realmente tengo el autoestima baja, me comparo mucho con las demas personas, si bien dicen que es algo natura, yo lo hago de manera excesiva y eso me entristece mucho, porque vivo la mayor parte del tiempo frustrada, y tambien se despiertan en mi sentimientos de envidia y rivalidad.
    Reconozco que no es para nada bueno sentir esto, pero creo que lo que tiene de positivo es que ya por lo menos reconoci que tengo ese problema, por algo se empieza no?
    Quizas el origen de todo este malestar se remonta a cuando yo era pequeña: mi padre establecia comparaciones entre mi y mi hermana mayor, y hasta el dia de hoy lo sigue haciendo, el tiene preferencia por ella claramente y cada vez estas actitudes me hacen mucho daño. Tambien se que no voy a poder cambiarlo a esta edad, el es un hombre mayor, se que soy yo la que tengo que tra5tar de cambiar porque sino cada vez la angustia sera mas grande.
    El punto es ¿Còmo hago para vencer estos sentimientos, dejar de compararme? no es nada fácil para mi, pero tampoco creo que sea imposible, pero necesito ayuda profesional.. ¿Que consejos crees que pueden ayudarme para superar este problema? Desde ya muchas gracias,me gusto mucho tu articulo.. Saludos

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  4. Me alegro de que te haya gustado el artículo, Daniela. Tal como tú misma dices, me parece ya muy positivo el hecho de que reconozcas tener un problema. Eso quiere decir que ya lo estás empezando a solucionar. Yo no soy psicoterapeuta y si crees que necesitas ayuda profesional, quizás deberías ver a uno/a. El consejo que yo te daría es que intentes centrarte en ti misma, en hacer lo que te apasiona, lo que te hace sentir bien, y dediques a eso todas tus energías. No te preocupes por lo que hagan los demás, incluso aléjate de esas personas que despiertan sentimientos de envidia en ti. Marca tus propios objetivos no para impresionar a nadie sino para superarte a ti misma. Imagino que no debe de ser fácil, pero vale la pena intentarlo. Observo que mucha gente se desvive por hacer cosas para ganarse la aprobación de los demás en vez de hacerlo porque verdaderamente lo desean. Espero que mis palabras te sirvan de algo.

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