lunes, 30 de julio de 2012

Más escuchar y menos arreglarles los problemas

¿Por qué llora? es una pregunta que todas las madres del mundo se van a hartar de oír, y en cuanto sus hijos ya no sean tan bebés ellas mismas (y los papás también) van a hacer la misma pregunta a sus hijos: ¿Por qué lloras? ¿Qué te pasa?

¿Por qué pregunta la gente por qué llora el bebé? Porque quieren terminar con ese llanto, que es ensordecedor y pone de los nervios. Si encuentran el motivo podrán hacer callar al bebé. Por esa razón enseguida se encuentran motivos. A veces son personas totalmente extrañas que han visto al bebé por primera vez, pero ellas saben lo que le pasa: «Tiene hambre». Otros motivos que se dan son que tiene sueño, tiene el pañal sucio, le duele la tripita... Sea lo que sea, parece imperioso que se encuentre la razón de ese llanto. Y resulta que una gran mayoría de las veces lo que el bebé quiere es que se le coja en brazos o se le ponga en el pecho para recibir el amor y calor de su madre.

Los niños van creciendo pero todavía lloran y siempre están esos familiares y terceras personas que no paran de preguntar: «¿Por qué llora? ¡Haz algo para que pare!» Para algunas personas el llanto de los niños es tan insoportable que hacen lo que sea para que se callen. Les dicen «no llores», les dan caramelos, les interrogan a toda prisa para averiguar en cuanto antes qué les aflige tanto y así poder solucionar el problema. «¿Qué te pasa? ¿Tu hermano te ha quitado el chupa-chup? Pues te doy otro, ya está, todos contentos, ¡pero por Dios, no llores más, por favor!»

El niño se calla y ya está, parece que todo está bien. Solo que no lo está. Sin darse cuenta el adulto está reprimiendo las emociones del niño, que pueden ser frustración, enfado, tristeza, miedo o celos. Los niños, como todo el mundo, necesitan que se les quiera y se les escuche. Cuando lloran, lo menos importante es averiguar por qué lo hacen. Lo más importante y lo primero que hay que hacer es abrazarles (si se dejan), abrirse a ellos, estar a su lado, escuchar su llanto y no interrogar. Un niño que se vea acogido así se calmará antes porque se sentirá comprendido. Entonces será capaz de decir qué le pasaba cuando lloraba tanto. Si no lo hace porque es demasiado pequeño, el adulto puede describir lo que cree que ha causado el llanto. Así es como el niño aprende a verbalizar sus emociones.

Al hacerse más mayores los niños llorarán menos, pero seguirán mostrando sus emociones negativas de manera abierta si es que no se les ha enseñado a suprimirlas. Por ejemplo, cuando vengan del colegio mostrarán su enfado, miedo o tristeza por el acoso escolar que les ha hecho pasar otro niño. La reacción de muchos padres de hoy en día es la de actuar de la misma manera que su hijo y llevarlo más allá. Exclaman: «¡Voy a hablar con el director!» o «¡Ahora mismo voy a llamar a sus padres!» Si siguen así, lo fácil es que su hijo deje de contarles lo que sufre en el colegio. Esto es así porque con su reacción los padres no están prestando ninguna atención a cómo se siente su hijo. En vez de escucharle activamente pasan inmediatamente a la acción: a su hijo le han hecho daño así que ellos, como padres protectores, tienen que hacer algo para que no vuelva a ocurrir.

Puede que haya algunos niños que se contenten con que sus padres les arreglen los problemas porque siempre lo han hecho así, pero la mayoría, tarde o temprano, prefiere que sus padres «no se metan». Por eso, cuando un niño llega a casa quejándose de ser víctima de acoso por parte de otros niños, lo que hay que hacer es escucharle. El niño contará cómo se siente y lo que piensa hacer al respecto sin que los padres tengan que aportar la solución. Si es un niño acostumbrado a que le resuelvan los problemas, puede ser que se sorprenda cuando su madre o su padre le diga algo así: «Así que Pepe te quitó los cromos y te dijo que te iba a pegar si te chivabas. Eso te puso muy triste y te hizo enfadar y ahora no quieres verle nunca más en la vida. Pero mañana tienes que ir al colegio y él volverá a estar allí. Yo creo que encontrarás la manera de hacerle saber que no vas a tolerar que te trate así». Así se le está dando un gran voto de confianza al niño, después de haberle escuchado y empatizado con él. En lo sucesivo seguro que será capaz de enfrentarse al niño que le acosa y se sentirá orgulloso de ello por haberlo hecho solo. Y se lo contará a sus padres, que volverán a escucharle y compartir su alegría, sin intervenir.

2 comentarios:

  1. En serio? Tu hijo sufre acoso escolar y tu solución es que se las apañe él solito? Madre mía, con gente como tú con razón están saliendo tantos niños con traumas que les hacen recurrir al suicidio. Dí que sí, sigamos promoviendo en la sociedad la pasividad al acoso escolar y que los niños aprendan ellos solitos a defenderse. Tiene tela. Espero que tus hijos nunca sufra acoso escolar, ya veo que no tendrán apoyo alguno de parte de su madre.

    ResponderEliminar
  2. Escuchar y empatizar, que son las primeras acciones que sugiero ante el acoso escolar, no tienen nada de pasividad. Al contrario, propongo escuchar activamente al niño, con calma, sin juzgar y sin salir corriendo de casa para pasar cuentas con el director del colegio o los padres. Hablo de darle una oportunidad al niño de poner límites ante el acoso de otro niño, y cuando vuelva a casa preguntarle cómo ha ido y hacerle sentir bien al haber sido capaz de solucionar por sí solo su problema. El ejemplo de acoso escolar que he puesto yo es muy leve. Si el niño demuestra que no puede plantarle cara es por falta de confianza en sí mismo. Los padres pueden infundirle confianza mostrándole que confían en él. Si a la más mínima saltan a sobreprotegerle, el niño dejará de contarles nada y seguirá sufriendo acosos, en silencio y sin poder valerse por sí mismo. El acoso (o bullying) se aprende y los niños que lo llevan a cabo lo han aprendido en su propia casa, porque se les maltrata, con castigos, chantajes y otras faltas de respeto por padres o tutores que consideran a los niños como seres inferiores que están para obedecer y contentar a los adultos.

    Gracias por los buenos deseos hacia mis hijos. En efecto, ellos nunca sufrirán acoso escolar porque no van al colegio. Los colegios son como las guarderías. A la guardería un bebé o niño muy pequeño lleva sus virus y contagia a todos los otros, que tienen un sistema inmunológico poco desarrollado porque sus madres ya no les dan de mamar, a pesar de ser aún muy pequeños. Al colegio un niño lleva el maltrato que recibe en casa y lo contagia a los otros. Esa es solo una de las razones por las que creo que los colegios son malos para nuestros hijos; aparte está el pésimo sistema educativo. Aun así, niños y adultos que acosan a otros los hay en todas partes, y tanto mis hijos como yo nos los hemos encontrado. La primera vez que uno de mis hijos fue acosado, en un parque infantil público y estando yo a pocos metros, él no quiso contarme nada hasta que estuvimos en casa, por miedo a que yo amonestara a los otros niños y le pusiera a él en evidencia. En cambio, se sintió mucho mejor cuando me lo contó y él solo llegó a la decisión que no volvería a jugar nunca más con unos niños que le insultaran.

    ResponderEliminar